Y qué sabrá una escritora de economía pero…

Aquellos primeros en arriesgarse a hablar y derribar las barreras, son, los que verdaderamente hacen tambalear lo grandes sistemas, hacen que sus políticas dejen de funcionar porque no hay sistema de financiación a gran escala. Aquellos, que con un mínimo de valor interior, consiguen romper las reglas aunque paguen caro frente a los que no entienden y gasten los demás en críticas, son los demuestran encontrar un sentido que logre a todo el mundo contagiar, contagiar con un verdadero motivo para alcanzar una próxima meta.

Llevamos décadas observando potentes estructuras que se levantan desafiando al suelo y que formando conjuntos de grandiosidad te llaman a fijarte en los detalles, dando aspecto de modernos trípticos ocupados por centenares de mesas, ordenadores que son estratificados, organizados en millares de compartimentos en los que convertidos en hormigas con el mismo color y asepsia de razón, nos diluimos en silencio cooperando en un mismo secreto, el secreto inexistente pero adorado, el poderoso Dios del Dinero. Pero su monumentalidad nos susurra; es el artificio de la expresión de la inexistencia.

Y se alzaron los artistas: los primeros arquitectos, médicos, científicos, escultores, filósofos, poetas, pintores que sabían que lo sublime lo encontrarían en sus memorias, pusieron al servicio sus mentes, los valores surgieron para provocar el cambio de perspectiva, un reencuentro con el virtuosismo de nuestra escondida naturaleza. Su nacimiento, aquél, que sólo podía surgir en la ausencia de formas; cogieron sus pinceles, materiales y sumando su experiencia del tiempo, moldearon nuevas ideas en las que debíamos trabajar para encauzar ésa perspectiva de cambio, originaron lo concreto.

No hay que se experto para entender lo que aquí se trata de vencer: la esclavitud autoimpuesta

. Todos hemos seguido la ascensión de personalidades esperanzadoras a cuya llegada abren los ojos, porque su asesoramiento ya ha sido ocupado por la gran banca que realiza la real metáfora del intocable. Ya no queremos invertir el dinero que con el trabajo producimos y convertimos en bien. Cuando podemos acceder al producto ficticio, jugamos, llevando como usuarios inversores, el sistema a la quiebra. A los grandes centros financieros no les interesa la regulación porque simplemente mueven el capital de unos países a otros. Recordemos que gracias a la globalización, la pobreza mundial ha disminuido en 700 millones de personas. Pero ahora las deudas estatales deben ser recatadas y el FMI, Banco Central Europeo y otras entidades financieras, exigen garantías a sus gobiernos. ¿Por qué no aspirar a un sistema de financiación más justo? Hace unos 25 años la bolsa tenía un beneficio anual del 3% pero hoy no nos conformamos. Y no nos conformamos, porque también gastamos más de lo que ingresamos. La ley debería separar lo que son las entidades comerciales (son las que los usuarios utilizan para ahorrar y hacer crecer el dinero en porcentajes razonables) de los bancos puramente inversionistas, arreglados para aquellos que quieran seguir arriesgando su capital. Esta separación fue realizada en su momento por Roosevelt en los Estados Unidos, pero poco tiempo respetado ¿Cuánto tiempo se puede estirar la volatilidad? El New York Times, vaticina una era futura (aunque por el momento lejana) de trueque en materiales y conocimiento. No habrá dinero con qué pagar, sólo habilidades que intercambiar por alimentos o necesidades diarias.

Los escritores, periodistas, informadores, debemos utilizar las palabras para ayudar no sólo a informar, sino a centrar, debemos ofrecer las nuevas perspectivas y la reflexión.

En su día, otras palabras llevaron a personalidades emblemáticas como Abraham Lincoln, Roosevelt o Mahatma Ghandi a luchar por el valor de su propia nación, por la libertad real, por el sentimiento de la verdad que fue la motivación que inculcó a toda su gente, que salió realmente a trabajar, por el principio de que todas las personas son creadas iguales. No necesitamos más guerras que obliguen el declive, la deshumanización. Necesitamos volver a luchar por los valores universales que en su momento dieron pie a las democracias preocupadas por el bienestar social, necesitamos que los políticos encuentren su semilla que puedan hacer sembrar sin recurrir a las trampas. Necesitamos que en ellos, se pueda confiar a través de unas pruebas reales, demostrables.

Gobiernos éticos, para y por, todos los seres humanos.

Creo, necesitaríamos de un verdadero comité de transparencia que les exija.

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