Praga

¿Qué podía hacer Sofie, una joven que necesitaba huir de sus sentimientos y de las palabras; aquellas repetitivas, carentes de contexto por no ir acompañadas de los actos necesarios para cumplirlas?

Refugiarse trabajando en la ópera de Praga:

A las puertas de la Opera Estatal de Praga una impaciente Sofie esperaba su oportunidad. Hacía algunas semanas que una idea le rondaba la cabeza, se trataba de algo importante y buscaría respuestas entre personas ajenas. Se decidió una tarde que aún lloviendo esperó a que se abrieran las puertas que la dejaran entrar. Un mujer casi anciana, de rostro bondadoso le preguntó: -¿Por qué estás esperando, hace frío, no quieres volver mañana?

-Me llamo Sofie y si me da unos minutos prometo no volver a molestar. Necesito que me escuche.

-Pasa hija, que te estoy viendo hace unos días. Siéntate con esta taza de té caliente para que me expliques que puede haber tan urgente que no pueda esperar a mañana.

-Se lo ruego, no se ría, soy muy desgraciada y necesito un trabajo aquí, y sólo aquí en el teatro.

-¿Qué te trae a mis puertas con tanta desesperanza?

-Un fantasma señora, pero si tiene la bondad de esperar mi relato prometo intentar no defraudarla. Vivimos tiempos difíciles pero la ópera es de todas las artes, la más sublime. Daba sorbos lentos, sosteniéndola con ambas manos. La mirada perdida, hablando para sí continuó: verá señora, desde la primera vez que tuve la oportunidad de asistir a uno de sus brillantes espectáculos pude apreciar la grandeza que acumulaba, fue cuando me reveló que la ópera es la máxima expresión de la belleza antes de que el drama lo colapse. La anciana contenía la respiración, y Sofíe al ver su mirada atenta se decidió a continuar. Estás sentado en tu butaca, repleto de expectación, los ruidos detrás del escenario, notando cómo todos los espectadores y cantantes coinciden en la misma ilusión, la ilusión del verdadero amor. Se apagan las luces, el director golpea suavemente su atril para llamar la atención de los músicos, y la música aparece acariciando nuestras mentes, en delicados compases que de tanta unión, tu cerebro pasa a no distinguir y aparecen, las señoras con los más fastuosos trajes y los caballeros, acompañan los movimientos haciendo ondear sus capas dando comienzo al juego. La voz flota y resbala como el aceite en el agua, la reverberación te hace sentir como la tormenta después de una fiesta, como el cristal de un brindis en las copas de champán al chocar. Así voy por la vida, saltando de nota en nota intentando sostener un La. El compás va crepitando como un fuego que por siempre habrás de azuzar. Soy esa bailarina que de puntillas gira enloquecida como si al sonido se le pudiera abrazar, como en un tornado que pasa sin permiso y llegando hasta el final, consiguiera atravesarlo. Soy la llama que a su imagen creó porque deseaba que por él brillara. Así voy hasta su sueño deseando penetrar su alma teñida de sangre en su drama pero con la blanca transparencia del agua que gime acompasada colándose por los poros del odio. Soy esa lucecita que espera incandescente, que espera que un día no sólo la miren sino que la vean sin que la soledad estorbe. Aquella que apreciándola deseas más allá de las contingencias.

Así sonaban sus notas en el silencio de la escala musical.
-Vamos señorita, no puede ser tan grave, seque sus lágrimas y vuelta a su casa que con la luz del nuevo día su fantasma habrá de marcharse.

-No tengo donde ir, todo aquello que con armada paciencia creí lograr, se ha desmoronado y siento que no ha servido para nada.

-¿Por un fantasma?

Continuar leyendo en Praga

Se abre esta antología sobre Praga con una de las autoras y traductoras checas contemporáneas más destacadas, Monika Zgustova, a quien, además de leer en el diario el País leemos en sus novelas y en las traducciones que ha hecho de autores como Bohumil Hrabal, Kundera, Václav Havel, Jaroslav Hasek y Jaroslav Seifert, entre otros. Hay un bloque de autores clásicos que tuvieron a la ciudad de Praga como inspiración. Son relatos llenos de vivencias de autores como Alois Jirásek, Karel Capek,Gustav Meyrink, Arkadiy Avérchenko, Jan neruda, Rilke, Guillaume Apollinaire, Zweig y el imprescindible Franz Kafka. Y, como es norma en M.A.R. editor,junto a los mejores escritores de los últimos doscientos años, se unen autores contemporáneos que luchan por dar a conocer sus obras y que aportan nuevas visiones sobre Praga y sobre el hecho creativo: Miguel Angel de Rus, elena Marqués, Joan Llensa, Manuel cortés Blanco, Sara García-Perate, Álvaro díaz escobedo, Juan Vivancos, Francisco J. Peña, Cristina Ruberte París, José Luis Ordóñez, Andrés Fornells, Charo Martínez, Francisco José Segovia, Raquel Taranilla, Helga Martínez Pallarés, Guillermo Sastre –que además es el autor de la portada- Praga nos invita a percibirla, a intuirla, buscando las rutas kafkianas y otras, que no son necesariamente las que nos ofrecen. Porque esta ciudad y la literatura, son páginas e historias que van construyendo, esa ciudad literaria y real llamada Praga.

Del prólogo de: Pedro Antonio Curto

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