El cerebro femenino y el cerebro masculino de Louann Brinzendine

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Leer ambos libros “El cerebro femenino” y “El cerebro masculino” de Louann Brinzendine es viajar, no al centro de la tierra sino al centro de nuestro universo particular. Nuestra forma peculiar y comun de ver, entender y absorber las señales no verbales que nos acercan o confunden hasta provocar las mayores reacciones impulsivas o las mejor calculadas. Es viajar  por el circuito neuronal más auténtico que una neuropsiquiatra puede ofrecer desde los detallados matices tanto independientes de nuestra biología  como nuestra fusión en los circuitos del deseo. Un viaje que hace sus paradas en el área tegmental ventral (ATV) que son las que que se encargan de nuestro bienestar, motivación y recompensa, el núcleo de accumbens (NAC) que es el área de anticipación del placer y la recompensa, haciendo su parada final en el núcleo caudado (NC) que correspondería al área de la memorización y aspectos de identidad que se cincelan en la memoria.

(…)Un beso es más que un beso, es una prueba de sabor. La saliva contiene moléculas de todas la glándulas y órganos del cuerpo, así que el beso con lengua indica el aroma característico de otra persona(…)(…)Si el beso es demasiado amargo habría indicado genes demasiado similares a los suyos y se habría roto el pacto sexual(…)(…)Si el beso fue dulce lleva a otro y otro más(…)(…)Existe una testosterona bioactiva en la saliva del hombre que puede activar el centro de excitación sexual del cerebro femenino(…)

Y es que nos damos de cabeza entre lo esperado y lo imaginado porque somos como aviones en los que se ha puesto en marcha un piloto automático que ignoramos, pues antes, se han dado la mano y vuelan en un sueño que les lleva a aterrizar entre luces tan brillantes como desconocidas en la perspectiva de una ciudad.

(…)Una interacción entre la dopamina y la vasopresina lo que provoca la vinculación de la pareja en el hipotálamo y el núcleo de accumbens (NAC) del cerebro masculino(…)También influye en la monogamia cómo sea de largo el gen de la vasopresina(…)(…)El genotipo de vasopresina de los hombre también afecta a la calidad matrimonial tal como la perciben sus mujeres(…)(…)El soltero empedernido es el que se muestra más encantador de lo que es y generalmente, exageran sobre su situación económica y sus contactos sociales(…)(…)Ellos muestran menos tensión eléctrica al mentir(…)

Así pues en el cerebro masculino de un enamorado

(…)El sexo no siembre lleva al amor pero es una parte necesaria para llegar ahí: incrementa el deseo de compartir información personal e impulsa los pensamientos relacionados con la intimidad(…)(…)El deseo sólo disminuye en las mujeres y biológicamente debe mantenerse alto en los hombres porque es algo seleccionado en la historia evolutiva como precaución de riesgo de competencia de esperma(…)

No cabe duda de que el cerebro es el cóctel de más alto voltaje de comunicación entre las hormonas que nos aporta el combustible para volver a acertar…Y dentro de estas situaciones publiqué un ejemplo de los inicios del enamoramiento y el deseo en Melisa.

Melisa comenzaba a preocuparse. Esa parte que se ocupa de las angustias y el juicio crítico la mantenían en tal estado de alteración que sus ideas obsesivas de reencuentro la hacían desvariar en un estado de atención altamente motivado por las idas y venidas de la autosugestión. No era la confianza que suscita el emparejamiento, sino la búsqueda intensa y en ocasiones penosa de su amado.(…)

(…)Melisa le hablaba desde sus sueños bien despiertos, invitándole a sus versos de arte mayor. Dirigía su mirada hacia la humedad embriagadora de la euforia en expansión(…)

(…)Una alerta del ordenador le devolvía de su espera. Ambas manos que apartaban sus cabellos y una mirada entre malévola y pillastre retenían a su objeto de admiración desde que despertaba; esperando a que tomara su ducha, echara sus cremas o perfumara su encanto. Sonreía como el hombre feliz que en ocasiones se sentía cuando al descubrirla abriendo la luz de su rectángulo, un brillo y una dicha en aquellos ojos que jamás había esperado; le estaba buscando, sólo a él, como el sentido principal de su día, de su trabajo(…)

(…)Creía ver su cuerpo moviéndose por una habitación semivacía; su respiración entrecortada y unos labios que se entreabrían a lo que parecía un solitario contacto. No podía ser ¿Cómo podía ella encontrarse en su cerebro? ¿Por qué podía sentir su dolor, su deseo abriéndose con la facultad de una película?(…)

(…)Y es que además, la observaba; cómo entrecerraba sus ojos, cómo mordía su labio inferior, cómo acariciaba en él sus encantos. La embriaguez natural se apoderaba como una drogadicción. Estaba entusiasmado, seguro, los ruidos quedaron inhibidos para poder recibir cualquier estímulo acústico que ella le enviara(…)

(…)¡Soy un idiota! a solas se reprochaba, se me escapa, lo veo y no hago nada para vencerlo. Y cuando envalentonado se decidía…imaginaba su cara de enfado; peleas que aún no habían sucedido…

Este y otros aspectos se recogen en ambos libros cuyo estudio proporciona ese autoconocimiento que es nuestro cerebro. Son  ambos cerebros los que en ocasiones desconocemos cómo cuándo y por qué viajan a la velocidad de un rayo cuando se trata de encontrarse con su amado o que encuentran su estabilidad ya sea en pareja o en solitario. Y la biología se impone haciendo variar nuestros momentos de vigilia pensando, pensando en nuestro amado…

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